Eventos - Sábado 23 de Febrero de 2008
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Teatro Colsubsidio Roberto Arias Pérez
BogotáCalle 26 No. 25 - 40Sábado 23 de Febrero de 2008 a las 20:00 horasPROGRAMA:
Giuseppe Verdi (1813-1901)
Obertura de La Forza del Destino
Sergei Rachmaninoff (1873-1943)
Rapsodia sobre un tema de Paganini, Op. 43
Ludwig van Beethoven (1770-1827)
Sinfonía No. 5 en do menor, Op. 67
Allegro con brio
Andante con moto
Allegro
Allegro
Allegro
Alexander Moutouzkine , piano
Yeruham Scharovsky , director invitadoValor de las boletas: $20.000, $25.000, $30.000 y $35.000. Descuentos especiales para afiliados a Colsubsidio, estudiantes y adultos mayores.
INFORMES Y VENTA DE BOLETERÍA
Mister Ticket: 6053030. Compra por Internet: www.misterticket.biz
Block Buster (Todos en Bogotá) - Hard Rock Café (Bogotá)
Taquillas del Teatro Colsubsidio: Calle 26 # 25-40, Teléfonos 3432673-74 -75 y Av. 7 No. 123-65 Usaquen, Teléfono 6539099. E-mail: taquilla.teatro@colsubsidio.com
CONTACTOS DE PRENSA:
Teatro Colsubsidio. María Nela García: 3431899 Ext. 1678.
Orquesta Sinfónica Nacional. Marisela Cárdenas: 3505325.
Giuseppe Verdi (Busseto, 1813 – Milán, 1901)
Obertura de la ópera La forza del destino
Ópera estrenada el 10 de noviembre de 1867 en San Petersburgo
Revisada y representada en su formato definitivo el 27 de febrero de 1869, en la Scala de Milán«Verdi es afortunado porque se puede convertir
en millonario sin despertar la envidia y la malicia
de necios y malvados...»Carlo Tenca en una carta dirigida a Clara Maffei (1869)
En el ámbito de la cultura musical, Giuseppe Verdi fue probablemente uno de los mayores beneficiarios del proceso de unificación italiana. Algunos motivos podrían ser, aparte de la calidad de su música, la implicación del autor en el movimiento cultural que apoyaba el nacimiento de una Italia unida, la temática de muchas de sus óperas, y la necesidad de mitos culturales que contribuyeran a la formación de una identidad propia. Estos aspectos, además, acompañarían inevitablemente sus producciones escénicas en todos los lugares y épocas.
No obstante, la fama de Verdi también reside en que fue el primer compositor italiano de reconocimiento internacional, con obras que se interpretaban de Europa a América, y con una música que estuvo de moda durante todo el Siglo XIX y aún hoy es fundamental en cualquier temporada lírica.
Desde el estreno de su ópera Nabucco en el Teatro la Scala de Milán (1842), Giuseppe Verdi alcanzó la gloria rápidamente; un año después se ratificó con I Lombardi como uno de las figuras fundamentales del momento. Esto, gracias a su capacidad para idear melodías indudablemente superiores a sus contemporáneos, y que se pueden comprobar tanto en los ejemplos vocales como en los instrumentales.
Un ejemplo instrumental es la obertura de la ópera La forza del destino, en la que tres acordes iniciales dan lugar a la apertura del telón, y a continuación el típico popurrí a la italiana expone en poco más de cinco minutos todos los temas de la ópera con una inteligente orquestación. Se pueden escuchar durante el entramado instrumental, entre otras referencias musicales, las siguientes: el tema del destino expuesto por la cuerda, el dúo Le minaccie, i fieri accenti por las maderas, las tribulaciones de Leonor en el segundo acto, el dúo de Leonor y el Padre Guardián, o el triunfo del destino al final de la música.
El estreno de La forza del destino tuvo lugar en San Petersburgo el 10 de noviembre de 1867. Sin embargo, la obra no fue reconocida hasta su estreno en la Scala de Milán, después de una larga preparación que comenzaba en el verano de 1868, cuando Verdi comentaba esta posibilidad en una carta dirigida a Tito Ricordi, y culminaba con un gran éxito el 27 de febrero de 1869.
Símbolo de una era heroica para Italia
El domingo 27 de enero de 1901, pocas horas después de la muerte de Verdi, se reunía en sesión extraordinaria el Senado italiano. Muchas de las cosas allí comentadas demostraban la importancia de Verdi en el ámbito del renacimiento de Italia. En este sentido, son muy significativas las siguientes palabras de Antonio Fogazzaro:«[...] Merecía, más que nadie, ser el símbolo de la era heroica de nuestro Risorgimiento, debido a la mística fusión de su música [y] la tan esperada y deseada unidad de la nación, en torno al trono de su primer Rey. Verdi fue nuestro gran unificador, cuando los acordes de su apasionada música, algo que el enemigo no podía atacar, encarnaron el concepto de la nación, que fluía libremente desde los Alpes hasta el mar, encendiendo el fuego en nuestro corazón...»
© Roberto Díaz Ramos, 2008Orquestación
Flauta
Flauta piccolo
2 oboes
2 clarinetes
2 fagotes
4 cornos
2 trompetas
3 trombones
Tuba
Timbales
Percusión
Arpa
Violines
Violas
Violonchelos
Contrabajos
Sergei Rachmaninoff (Oneg, 1873 – Beverly Hills, 1943)
Rapsodia sobre un tema de Paganini, Op. 43
Estreno el 7 de noviembre de 1934 en Baltimore, Maryland, Estados Unidos
Sergei Rachmaninoff fue uno de los pianistas compositores más brillantes de su época, y uno de los grandes referentes para la historia de la interpretación pianística. Virtuoso incontestable y compositor de gran calidad, conquistó a numerosos públicos, y durante mucho tiempo sólo le fue difícil ser reconocido en su país, ya que las autoridades estalinistas prohibieron su música con el pretexto de que representaba a la burguesía decadente y era peligrosa.
Estudiante del Conservatorio de Moscú, debió sus comienzos como compositor al maestro Tchaikovsky, y ejerció brevemente como director de orquesta en la primera década del Siglo XX. La mayor parte de su obra fue escrita antes de 1917, aunque su biografía está fuertemente marcada por el exilio al que se vio forzado ese mismo año, y tras el cual se estableció definitivamente en Estados Unidos. Sin embargo, sus obras concertantes y sinfónicas más relevantes datan del periodo occidental.
En lo que respecta a su producción para piano y orquesta, es de las más visitadas por los pianistas de todo el mundo, debido a la unión de calidad técnica y musical. Además, contamos con el privilegio de saber cómo interpretaba él mismo su música, aunque muy pocas veces se pueda hablar de similitudes entre lo que él hacía y lo que hacen los instrumentistas actuales.
De esto se puede hablar en el caso de su última composición de este tipo, la Rapsodia sobre un tema de Paganini, grabada el día de su estreno con el propio Rachmaninoff al piano, y la Orquesta de Filadelfia dirigida por el mítico Leopold Stokowski. Compuesta en 1934, la obra se basa enteramente en el Capricho No. 24, Op.1 de Paganini, siguiendo un camino en el que se habían entrado otros autores como Brahms o Liszt y al que se incorporaría Lutoslawski algunas décadas después.
En cuanto a la construcción de la música, se puede dividir la Rapsodia fácilmente en tres secciones: variaciones 1 a 11, 12 a 19 y 20 a 24. Las tres partes tienen estructuras diferentes, con ciertas similitudes a las tradiciones de los siglos XVII, XVIII y XIX, y se podrían ver como los tres movimientos de un concierto al uso. La variación 19, además, está concebida a la manera de una toccata barroca que da paso a las cinco últimas variaciones, en las que destaca el crescendo progresivo hacia el Dies irae, la secuencia de la misa de difuntos usada muy frecuentemente por los compositores del romanticismo y el posromanticismo.
En lo que respecta al tratamiento del tema musical de referencia, resalta la inteligencia con la que Rachmaninoff sólo lo escribe entero después de la primera variación, aunque aparece levemente dibujado al principio. Las 23 variaciones restantes sólo sugieren la línea melódica principal en trazos breves y difusos. La variación 18, por último, es uno de los fragmentos más conocidos y atractivos al oído en toda la historia de la música.
Sergei Rachmaninoff se inspiró para la compiosición de la Rapsodia, en el Capricho No. 24, Op. 1 de Niccoló Paganini. Tal como está el original, la obra de referencia empieza de la siguiente manera:
Expondremos aquí dos maneras de tratarlo. La primera manera se corresponde con la introducción, en la que el piano sugiere el tema principal de la siguiente manera:
Por su parte, el tratamiento literal del tema después de la primera variación empieza como a continuación en el instrumento solista:
© Roberto Díaz Ramos, 2008
Orquestación
2 flautas
Flauta piccolo
2 oboe
Corno inglés
2 clarinetes
2 fagotes
4 cornos
2 trompetas
3 trombones
Tuba
Timbales
Percusión
Arpa
Violines
Violas
Violonchelos
Contrabajos
Ludwig van Beethoven (Bonn, 1770 – Viena, 1827)
Sinfonía No. 5 en do menor, Op. 67
Estreno el 22 de diciembre de 1808 en el Theater an der Wien«Un espasmo nervioso sacudía a toda a sala»
Héctor Berlioz en la Gazette musicale, depués
del estreno de “la Quinta” en París
Ludwig van Beethoven es uno de los personajes más mimados por la historiografía musical, y uno de los maestros más conocidos a nivel general en reconocimiento a su papel como gran reformador de la composición musical, y como fruto del tratamiento preferente que le han brindado todos los músicos, desde el romanticismo. Además, fue sin duda el personaje mejor tratado por una musicología que nació en Alemania casi a la misma vez que la nación estaba en pañales y necesitaba de grandes mitos que cohesionaran su cultura.
A nivel teórico, Beethoven fue para los artistas del Siglo XIX el más grande. Al amparo de su personalidad muchos intentaron adentrarse en el camino de la innovación, y la maduración de esta actitud dio lugar, en último término, a los grandes avances musicales del Siglo XX. No en vano, es muy probable que muchas personas relacionen al maestro alemán con la ampliación de las formas tradicionales, o con la libertad en el tratamiento de la melodía, la orquestación o la composición en términos generales. Esta libertad, además, derivaba de una forma de vida y de una manera de entender el arte.
En el ámbito de las sinfonías, nadie quedó impasible en su tiempo a lo que Beethoven hacía, siguiendo una línea ascendente que, en términos generales, empezó con la tercera y acabó con la gran explosión final de la novena. La orquesta, por su parte, tenía a menudo los mismos efectivos que empleaban por entonces Haydn o Mozart, aunque se notaba una nueva concepción en base a bloques sonoros y en función de timbres. En lo que respecta a la estructuración de los movimientos, Beethoven experimentó a menudo con ligeras modificaciones de gran trascendencia. Algunas son: repetición de la exposición en una primera parte que siempre tenía forma sonata y que aumentaba sus dimensiones, sustitución del minuet del tercer movimiento por un scherzo completamente renovado, o combinación en el final de la forma sonata con el rondeau u otros procedimientos.
La quinta sinfonía fue una de las más impactantes del maestro. Es, además, una de las páginas más interpretadas y recordadas de su catálogo. Su escritura fue el fruto de un cúmulo de circunstancias: un boceto con algunas ideas temáticas de 1795 fue el punto de partida, y hay un comienzo fechado en 1803 aunque no empezaría a escribirla hasta 1805. El encargo de una sinfonía por parte del conde Franz von Oppersdoff (a cambio de quinientos florines), fue el motivo de que Beethoven se enfrentara en serio a la obra, estrenándola por fin en 1808. Finalmente, la partitura sería publicada en 1826, con una doble dedicatoria destinada “a su alteza serenísima, monseñor el príncipe reinante de Lobkowitz” y “a su excelencia el señor conde de Razumovsky”.
El primer movimiento está concebido como un Allegro con brio que sigue los fundamentos tradicionales del periodo clásico; el segundo es una de las partes lentas beethovenianas más cortas (aunque necesitó más bocetos que para el resto de movimientos sinfónicos lentos); el tercero es un scherzo aún tratado de manera clásica; y el cuarto constituye lo que algunos definen como “un gozoso final que hilvana y culmina la obra”, maravillando “por su brillantez, su contundencia y el despliegue de virtuosismo” necesario.
Como texto ilustrativo de lo que suponía Beethoven para los alemanes del momento y de la opinión que tenían de él los compositores germanos más importantes del Siglo XIX, citamos a Richard Wagner. El siguiente fragmento está extraído en un texto leído públicamente en 1870 y que, con el título “Beethoven”, relaciona a grandes rasgos la música del maestro, su novena sinfonía y el espíritu alemán:«¡Celebremos así entonces al gran roturador de caminos en la selva de un paraíso degenerado! ¡Pero celebrémoslo dignamente, y no menos dignamente que las victorias del valón alemán, puesto que al portador de felicidad para el mundo le pertenece un rasgo mucho mayor que al conquistador del mundo!»
El primer movimiento de la Sinfonía No. 5 de Beethoven es uno de los más conocidos de su catálogo. Su originalidad reside en el tratamiento casi continuo de una célula melódica de cuatro sonidos, que se repite con diversos tratamientos durante todo el fragmento. Identificamos a continuación el inicio de la sinfonía, extrayendo sólo la parte de las cuerdas:
© Roberto Díaz Ramos, 2008
Orquestación
2 flautas
Flauta piccolo
2 oboes
2 clarinetes
2 fagotes
Contrafagot
2 cornos
2 trompetas
3 trombones
Timbales
Violines
Violas
Violonchelos
Contrabajos
Después de ganar premios en tres prestigiosos concursos internacionales en octubre y noviembre de 2003 (Tercer Premio en el II Concurso Internacional para Piano de Shangai, China, Segundo Premio en el X Concurso Internacional Citta di Sulmona, Italia y Primer Premio en el IX Concurso Internacional para Piano de la Fundación Guerrero en España), Alexander Moutouzkine se hizo merecedor a las Medallas de Oro en el Concurso Internacional para Piano de New Orleans y el Concurso José Iturbi en Valencia, España. Los premios incluyeron conciertos en los Estados Unidos durante la temporada 2004-05, un recital de debut en el Wigmore Hall de Londres, un recital de debut en Roma, y giras de España y Alemania.
Nacido en Yoshkar-Ola, Rusia en una familia de músicos profesionales, Moutouzkine empezó el estudio del piano con su madre para luego continuarlo con Natalia Fish en Nizhniy Novgorod. A muy temprana edad, recibió el primer premio en el Concurso Internacional para Piano de San Petersburgo. En 1996, a la edad de 16 años, recibió los primeros premios en los concursos internacionales de Kharkov (Ucrania) y Córdoba (Argentina). En ese mismo año, empezó a estudiar con Vladimir Krainev en Hannover (Alemania). Mientras continuaba sus estudios, realizaba giras de conciertos en Alemania, Francia, Rusia, Ucrania, Kazajstán e Italia, donde ganó el primer premio en el Concurso Internacional de Calabria.
Después de su llegada a los Estados Unidos en 2001, Alexander participó en el prestigioso Concurso Van Cliburn, donde le otorgaron un Premio Especial por su potencial artístico. También ha sido ganador de los concursos Ignacio Cervantes (Habana), Pilar Bayona (Zaragoza) y Mieczyslav Munz (Nueva York.) Recibió el primer premio en el XXVI Concurso Internacional Frinna Awerbuch, que trajo consigo su debut en la Sala de Recitales Weill del Carnegie Hall en noviembre 2002.
Conciertos recientes incluyen una presentación de música de cámara con integrantes de la Orquesta Sinfónica de Dallas, recitales en París, Barcelona, Hannover y Magdeburg, Alemania, Nueva York, el Centro Kravis de West Palm Beach, el Teatro de Ópera Newberry en Carolina del Sur y una gira de conciertos por toda España y las Islas Canarias. Como solista con orquesta, Alexander ha tocado recientemente con la Orquesta Sinfónica de Tenerife, la Orquesta de la Radio y Televisión de España, la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba y la Filarmónica de Brno en la República Checa. En Diciembre de 2003 recibió la Maestría en Música de la Manhattan School of Music, donde estudió con una beca completa con el Dr. Solomon Mikowsky.
El maestro Yeruham Scharovsky inició su educación musical en su país natal, Argentina, estudiando flauta, contrabajo, composición y dirección con profesores del Conservatorio Nacional de Música de Buenos Aires y el Teatro Colón. En la década del 70 se trasladó a Israel para continuar sus estudios becado por la "Academia Superior de Música Rubin" de Jerusalén, en la cual cursó estudios superiores de música con el reconocido profesor Mendi Rodán. Desde su graduación en 1984, ha dirigido más de 50 destacadas orquestas en países como Israel, Alemania, Finlandia, Italia, Suecia, Francia, España, Rusia, Latvia, Polonia, Hungría, Macedonia, Estados Unidos, Canadá, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, y Republica Dominicana.
En 1990 fue elegido por Zubin Mehta para recibir el premio al "Joven Artista del Año" dirigiendo consecuentemente el concierto anual de Gala de la Orquesta Filarmónica de Israel. En el mismo año, dirigió por primera vez a la Orquesta Sinfónica de Jerusalén, realizando con la misma, desde entonces, decenas de grabaciones para la Radio y Televisión, y giras de conciertos en Sur América y Europa.
En 1991 fue el primer director de orquesta israelí invitado a dirigir a la Orquestra Filarmónica de Moscú, realizando también un tour por la Unión Soviética. En 1995 fue seleccionado para dirigir el concierto de estreno de la Casa de Ópera de Israel en Tel-Aviv. Entre 1991 y 1996 fue Director Artístico y Principal de la Orquesta "Symphonette" Ra'anana. Bajo su batuta, la orquesta se convirtió en uno de los más populares ensambles sinfónicos de Israel, realizando cientos de conciertos de abonos para adultos y jóvenes, decenas de grabaciones para la Radio y TV y tres tures en Europa (Francia y Alemania).
Entre 1998 y 2004, fue Director Artístico y Principal de la Orquesta Sinfónica Brasileira de Río de Janeiro. Durante este período, la orquesta aumentó significativamente su número de abonados y sus series de conciertos. También realizó tures en todo Brasil y en Estados Unidos, presentándose en conciertos en Lincoln Center y en el Central Park de Nueva York frente a un público de 150,000 personas, recibiendo excelentes manifestaciones tanto de la crítica profesional como del público.
Con la Sinfónica Brasileira grabó cuatro CDs con obras de Rimsky-Korsakov, Beethoven y los compositores brasileros Carlos Gómes y Guerra Peixe. En su primer año de dirección fundó la Orquesta Sinfónica Brasileira Joven la cual cuenta con aproximadamente 100 de los más talentosos músicos jóvenes del Brasil, y la cual ha sido reconocida como uno de los más destacados ensambles sinfónicos del país. Asimismo, fundó el "Concurso Nelson Freire para Jóvenes Talentos”. En 2002 fue honrado por el Estado de Río de Janeiro con el título de "Ciudadano Honorario del Estado de Río de Janeiro" por su contribución artística, social y cultural al Estado.
En el 2000 fue escogido por Lorin Maazel para compartir con él una serie de conciertos en homenaje a los 3000 años de la ciudad de Jerusalén, dirigiendo en el Alter Oper de Munich a la Orquesta de Radio Bavaria y a la Orquesta Sinfónica de Jerusalén juntas. En 2002, fue invitado por Maazel a ser parte del Jurado del Concurso Internacional de Dirección Orquestal "Maazel-Vilar".
En la actualidad, Scharovsky desarrolla una amplia e intensa actividad como director invitado en orquestas de Europa, Estados Unidos y Canadá. Sus próximos compromisos incluyen conciertos con las orquestas filarmónicas de Marseille y Shanghai y sinfónicas de San Remo, Génova, Budapest, Avignon, Lübeck, Roma, Jerusalén y Berlín, entre otras. En julio del presente año tiene programadas giras en Europa e Israel con la Orquesta Sinfónica di Roma.

