Eventos - Sábado 12 de Julio de 2008

  • Teatro Colsubsidio Roberto Arias Pérez

    Bogotá
    Calle 26 Nº 25 - 40
    Sábado 12 de Julio de 2008 a las 20:00 horas

    PROGRAMA:

    Ludwig van Beethoven (1770-1827)
    Concierto para violín en re mayor, Op. 61
         Allegro ma non troppo
         Larghetto
         Rondo. Allegro

    Solista: Ilya Kaler (Rusia)

    Johannes Brahms (1833-1897)
    Sinfonía No. 4 en mi menor, Op. 98
         Allegro non troppo
         Andante moderato
         Allegro giocoso – Poco meno presto – Tempo I
         Alegro energico e passionato – Più allegro

    Director Invitado: Raphael Jiménez (Estados Unidos)


    NOTAS AL PROGRAMA

    Ludwig van Beethoven (Bonn, 1770 – Viena, 1827)
    Concierto para violín y orquesta en re mayor, Op. 61
    Obra compuesta y estrenada en 1806

    Ludwig van Beethoven ha sido históricamente un personaje especialmente mimado por la historiografía musical, gracias al tratamiento preferente que le han brindado todos los músicos desde el romanticismo. Además, ha sido tratado muy bien desde el principio por una musicología que nació en Alemania casi a la misma vez que la nación estaba en pañales, y necesitaba de grandes mitos cohesionadores para su cultura.

    A nivel teórico, Beethoven fue para los artistas del siglo XIX el más grande, y al amparo de su personalidad muchos intentaron adentrarse en el camino de la innovación. La maduración de esta actitud dio lugar, en último término, a los grandes avances del romanticismo y del siglo XX. No en vano, es muy probable que muchas personas relacionen al maestro alemán con la ampliación de las formas tradicionales, o con la libertad en el tratamiento de la técnica, aún a pesar de que en su tiempo la acogida no fuera uniformemente buena. Por ejemplo, el hecho de que el concierto para violín empezara con cinco golpes de timbal y no con una brillante introducción orquestal fue relativamente polémico para una serie de críticos que han sido convenientemente enterrados bajo el polvo para no manchar la imagen del maestro. Otras objeciones tenían relación más bien con la pérdida de calidad melódica frente al aumento de las dificultades técnicas. En el lado contrario está la consideración histórica del concierto para violín como uno de los más importantes de la historia musical desde el romanticismo, y como uno de los más difíciles para los solistas de todo el mundo.

    Fue encargado en 1806 por el Theater an der Wien, para un concierto en beneficio del virtuoso y director de la orquesta del coliseo Franz Clement, y estrenado en diciembre de ese mismo año. Clement era conocido en Alemania como un violinista de calidad técnica, y Beethoven intentó adaptarse hasta última hora a sus exigencias. De hecho, trabajó estrechamente con él y llegó a escribir dos versiones diferentes para la parte solista. Se podrán escuchar esta noche con esta partitura algunos de los avances beethovenianos en la composición, entre los experimentados en su época de madurez. También se podrá escuchar al violinista conjugar la técnica con la potencia expresiva, uno de los mayores atractivos de este concierto.

    Hablábamos de los problemas que opusieron algunos ante la pérdida de melodía para beneficiar a la técnica. Veamos la siguiente alusión de Ferruccio Busoni (1866-1924), escrita en una carta que dirigía a su esposa en 1911:
    El sentimiento más profundo requiere de menos palabras y menos gestos. Es un lugar común histórico, repetido como una película sin fin, que a medida que cada nueva composición aparece, es acusada de falta de melodía. He leído esta clase de acusaciones en críticas escritas después del estreno de Don Giovanni de Mozart, de las óperas de Wagner y el Concierto para violín de Beethoven. Y siempre se da por hecho que el aumento en las complicaciones técnicas es el motivo de la disminución en la invención melódica…
    © Roberto Díaz Ramos, 2008


    Orquestación
    Violín solista
    Flauta
    2 oboes
    2 clarinetes
    2 fagotes
    2 cornos
    2 trompetas
    Timbales
    Violines
    Violas
    Violonchelos
    Contrabajos


    Johannes Brahms (Hamburgo, 1833 – Viena, 1897)
    Sinfonía No. 4 en mi menor, Op. 98
    Escrita en los veranos de 1884 y 1885

    No sabemos qué hubiera ocurrido con Johannes Brahms si no hubiera aparecido la figura de Robert Schumann para potenciar su imagen. En efecto, la carrera del compositor hamburgués estuvo enteramente dedicada a la música, aunque sólo empezó a ser reconocido cuando su posterior mentor promocionó su imagen en la Neue Zeitschrift für Musik (Nueva Revista de Música).

    Procedente de una familia estrechamente relacionada con la música, Brahms tuvo desde niño todas las facilidades para avanzar en la carrera musical, y sin embargo lo más importante que hizo durante su juventud fue protagonizar una gira de conciertos por lugares de escasa reputación, en compañía del violinista húngaro Edward Hoffmann (Reményi). No obstante, fue en el ámbito de estas actuaciones en el que empezó a dilucidarse la solución a sus problemas, ya que los acontecimientos fueron propicios para que conociera al maestro Robert Schumann en 1853. Ambos se influenciaron mutuamente, y las dos personalidades estuvieron estrechamente unidas en la mente de todos incluso después de la desaparición de Schumann. Gracias a este último compositor, la música de Brahms tuvo una proyección importantísima, que le acompañó hasta el final de su vida. De esta relevancia se benefició sin duda la cuarta sinfonía, escrita durante sus vacaciones en Mürzzuschlag, en los veranos de 1884 y 1885.

    La cuarta sinfonía de Johannes Brahms es su última obra orquestal de gran envergadura, si se exceptúa el Doble concierto para violín y violonchelo. Está fuertemente influenciada por la música de Beethoven, como las sinfonías anteriores, y despliega una cantidad de recursos melódicos y expresivos casi únicos en las composiciones de Brahms. Comienza con un fragmento de violines desbordantemente lírico. A este inicio le siguen alrededor de cuarenta minutos de melancolía, con múltiples referencias al pasado, y con una utilización de la passacaglia en el último movimiento, que permanece como referencia única entre los compositores fundamentales del romanticismo.

    Para ilustrar con textos la cuarta sinfonía de Brahms, conviene recurrir a la correspondencia entre el compositor alemán y su amiga Elizabeth von Herzogenberg en 1885. En el mes de agosto, escribía Johannes Brahms:
    ¿Puedo atreverme a enviarle un fragmento de mí mismo? Como las cerezas tardan en madurar por estos lares, no le importe decirme si no le gusta su sabor. No estoy tan impaciente como para escribir una pésima número 4


    Herzogenberg hizo varias alusiones a la partitura durante algún tiempo, y en el mes de octubre escribió sobre algún fragmento del segundo movimiento:

    ¡Cómo debe gozar cada violonchelista con esta maravillosa canción, suave retazo del aliento estival!... Éstas deben ser, presumo yo, las cerezas que no querían madurar en Mürzzuschlag

    No obstante, son más interesantes los comentarios sobre el último movimiento de los que habló algún tiempo después:

    En cuanto al último movimiento [...] me fascina el tema en sí mismo, y esta fascinación va en aumento a medida que sigo su ir y venir a través de las distintas fases... [...] Sólo puede decirle que no me importaría nada que tuviera una longitud tres veces mayor a la actual. Seguramente el público lo aceptará [...], aún en el caso de que ni entiendan ni sean capaces de seguir la forma passacaglia, porque [...] se trata [...] de una sucesión de combinaciones nuevas, llenas de tal vigor que habrán de producir un efecto irresistible y subyugante. Y uno no necesita ser músico [...] para caer bajo su influjo.
    © Roberto Díaz Ramos, 2008


    Orquestación

    2 flautas
    Flauta piccolo
    2 oboes
    2 clarinetes
    2 fagotes
    4 cornos
    2 trompetas
    3 trombones
    Timbales
    Triángulo
    Violines
    Violas
    Violonchelos
    Contrabajos


    kaler

    Ilya Kaler nació en Moscú y estudió en el Conservatorio Tchaikovsky con Leonid Kogan y Victor  Tretyakov.  En 1981 ganó el Primer Gran Premio del Concurso Internacional Niccolo Paganini en Italia y en 1985 ganó la Medalla de Oro del Concurso Internacional Sibelius en Finlandia, así como un Premio Especial por su interpretación del concierto para violín de Jean Sibelius.  El año siguiente, Kaler ganó la Medalla de Oro en el Concurso Internacional Tchaikovsky de Moscú, convirtiéndose en el único violinista en haber ganado las medallas de oro en los tres más prestigiosos concursos internacionales de su instrumento.

    Ha sido solista con las principales orquestas de Rusia, Europa, los Estados Unidos y Lejano Oriente, tales como las Filarmónicas de Leningrado, Moscú, Varsovia y Dresden, las Sinfónicas de Montreal, Detroit, Baltimore y Seattle, las orquestas de la Radio Danesa y de Berlín y las orquestas de cámara de Moscú y Zürich, entre otras. Como recitalista se ha presentado en las principales salas de concierto europeas, norteamericanas y del Lejano Oriente, así como en festivales en los más prestigiosos festivales de verano.

    Ha grabado en disco compacto para diferentes sellos discográficos los Caprichos para violín solo de Paganini, respecto a los cuales el American Record Guide se refirió como “una combinación de perfección, pasión y fraseo en el estilo de Michael Rabin con la energía excitante e inmediata de Jasha Heifetz”.  Sus grabaciones de los conciertos para violín y orquesta de Paganini y de las sonatas para violín y piano de Schumann han recibido igualmente los más grandes elogios de la crítica especializada y el público.  Ha grabado además obras de Vivaldi, Schnittke, Stravinsky, De Falla, Bartók, Britten, Barkauskas, Hindemith, Martinon, Prokofiev e Ysaÿe, entre otros.

    Recientemente Naxos lanzó al mercado una nueva grabación de Kaler con los dos conciertos para violín y orquesta de Szymanowsky con la Orquesta FIlarmónica de Varsovia.  Igualmente, en abril del presente año lanzó la grabación que hiciera Kaler de la obra integral para violín solo (sonatas y partitas) de Johann Sebastian Bach.

    raphael

    Nacido en 1967, Raphael Jiménez asume su primera posición como director de orquesta dentro del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles de Venezuela siendo aun integrante de la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar. En poco tiempo llega a dirigir la mayoría de las orquestas profesionales de país y es nombrado Director Titular del Ballet Nacional de Caracas para el cual dirige durante quince años. Comenzó sus estudios dirección con el Maestro Rodolfo Saglimbeni. Realiza luego estudios en el Instituto Universitario de Estudios Musicales en Caracas continuando en Inglaterra y en los Estados Unidos en donde obtiene los  títulos de Maestría y Doctorado en  Michigan State University.

    Jiménez disfruta hoy en día de una intensa carrera con invitaciones frecuentes para dirigir conciertos, ballet y producciones de ópera. Ha dirigido la orquesta Sinfónica de Zhejiang (China), Sinfónica Venezuela, Lansing Symphony, Sinfónica de Puerto Rico, Sinfónica de Guangxi (China), Orquesta Nacional del Perú, Battle Creek Symphony, Sinfónica Municipal de Caracas, the Florida Orchestra, Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, y la Palm Beach Opera Orchestra, entre otras. Entre sus proyectos inmediatos se encuentra su participación en el festival Arts Boca 2008 y su debut con la Orquesta del Teatro de la Opera de Lubeck en Alemania.

    Raphael Jiménez es actualmente Director Titular de Ballet Florida en West Palm Beach, y Director de Orquesta Asociado en Michigan State University donde dirige conciertos sinfónicos y producciones de opera.