Eventos - Domingo 10 de Agosto de 2008
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Auditorio Fabio Lozano, Universidad Jorge Tadeo Lozano
BogotáCarrera 4 No. 22 – 40Domingo 10 de Agosto de 2008 a las 11:00 horasLudwig van Beethoven (1770-1827)
Sinfonía No 2 en re mayor, Op. 36
Adagio molto – Allegro con brio
Larghetto
Scherzo: Allegro
Allegro molto
Ludwig van Beethoven (1770-1827)
Sinfonía No 5 en do menor, Op. 67
Allegro con brio
Andante con moto
Scherzo: Allegro
AllegroDirector: BALDUR BRÖNNIMAN (Suiza)
Boletería: $20.000. Compre su abonos para la temporada con el 25% de descuento. Discapacitados, tercera edad y estudiantes -50%. Informes y ventas: Tu Boleta 5936300 y www.tuboleta.com
Sinfonía No. 2 en re mayor, Op. 36
Terminada en 1802 en Heilligenstadt, y estrenada en Viena el 5 de abril de 1803
La Sinfonía No. 2 de Ludwig van Beethoven es, formalmente, más ortodoxa que la primera. Además, deshecha para la introducción lenta del primer movimiento los procedimientos de tensión tonal que había utilizado en la primera. En efecto, se trata de una elección acertada, ya que evita convertir un recurso interesante en un cliché de menor interés. En cualquier caso, durante la audición de la música es interesante escuchar cómo hay algunos recursos instrumentales que repiten en las sinfonías posteriores conformando parte del sonido orquestal más genuinamente beethoveniano.
En lo que respecta a los recursos compositivos, la segunda sinfonía ya se empieza a alejar del legado de Haydn, aunque aún mantiene unos ciertos vínculos con S2Mozart que supera gracias a una paleta sinfónica más rica. El primer movimiento se muestra como una suerte de obertura a la napolitana tras la introducción inicial, con un carácter desenfadado en el que destaca el papel predominante de los vientos frente a una cuerda menos fundamental que en épocas anteriores (sin olvidar que, por ejemplo, el primer tema es aquí expuesto por las violas y los violonchelos sobre un diseño de los violines).
El Larghetto subsiguiente, por su parte, es el fragmento más interesante de toda la partitura, aunque más por su riqueza compositiva, que por un tratamiento de la melodía algo más vago que en el resto de la obra. Contrasta su carácter con la frescura del Scherzo, aún emparentado con la tradición y concebido como un minuetto edulcorado de marcado carácter dancístico. El Rondeau final, por último, pasa por ser una síntesis de las páginas musicales anteriores, que aporta poco al conjunto de su carácter más humorístico y desenfadado. En este último caso, es posiblemente más interesante centrar la atención en una Coda de gran interés que culmina brillantemente la sinfonía con la que Beethoven da por terminado, en líneas generales, el siglo XVIII en su producción musical.
Los primeros esbozos de esta segunda sinfonía datan de 1800 (posteriores a la Sinfonía No. 1), siendo terminada de manera intermitente entre 1801 y 1802. En este sentido, destaca cómo el proceso composicional refleja en parte los múltiples altibajos anímicos que tuvo Beethoven durante ese tiempo, ante el avance de la sordera y una situación personal que reflejó perfectamente en su escrito más interesante: el Testamento de Heilligenstadt, escrito en el verano de 1802 y dirigido a sus hermanos. Por otra parte, también está marcada la escritura por una aplastante tradición que pudo empezar a superar con la Sinfonía No. 3, aunque sin evitar con ello múltiples problemas por parte de un público poco acostumbrado al cambio. La presente obra fue estrenada en la capital austriaca el 5 de abril de 1803.
Motivos melódicos a recordar
Se proponen los siguientes motivos melódicos durante la escucha de tres partes. Por cuestiones de espacio, se evita aquí ofrecer una síntesis del tercer movimiento, que haría necesaria la inclusión de un fragmento orquestal o una reducción más espaciosa de lo que se pretende en estos recuadros:
I. Adagio-Allegro con brio:
II. Larghetto
IV. Allegro
© Roberto Díaz Ramos, 2008
Orquestación
2 flautas
2 oboes
2 clarinetes
2 fagotes
2 cornos
2 trompetas
Timbales
Violines
Violas
Violonchelos
Contrabajos
Sinfonía No. 5 en do menor, Op. 67
Terminada en 1808 y estrenada en Viena el mismo año
La “Quinta” de Ludwig van Beethoven es, sin ninguna duda, la confirmación del camino iniciado con la Sinfonía No. 3, tras el paréntesis estilístico de la No. 4. Lleva en sí misma una extraordinaria potencia expresiva, acompañada de una mayor complejidad formal y compositiva. Además, el lenguaje empleado se adentra de lleno en el Romanticismo superando todo lo anterior. Muchas veces se ha hablado de esta partitura como “sinfonía del destino”. También se han ensayado múltiples comparaciones y explicaciones extramusicales adaptándola a enfoques filosóficos diversos. Ningún punto de vista se ha ajustado a indicaciones del compositor, pero lo cierto es que el contenido sonoro bien se corresponde con la fuerza de un compositor que influyó en el devenir de la música, con una selección de ideas de largo alcance constituidas por unos pocos sonidos que carecen de validez sin el contexto de esta obra.
El ejemplo más claro de la última consideración es indudablemente el primer movimiento, generado a partir de dos sonidos a distancia de tercera mayor que han sido combinados con tres corcheas y una blanca. Pocos autores han conseguido tanto con tan poco, teniendo en cuenta además que tal fragmento condiciona por completo la construcción del movimiento. En función de su carácter cíclico, además, la música queda plenamente definida y justificada con cada una de sus repeticiones. El mismo efecto se intenta producir en los temas correspondientes al resto de movimientos, por lo que la presente sinfonía se beneficia de un número de aciertos mucho mayor que el de cualquier otra obra orquestal beethoveniana.
De esta manera, también es posible hablar de otras tres partes en las que los tratamientos motívicos-temáticos sirven para crear o relajar tensión en grandes bloques escriturales, sin perder en cada caso la independencia. Es de gran interés cómo esta independencia posibilita la ejecución de cada movimiento por separado sin que se resienta con ello el resultado por la falta de otros fragmentos.
La gestación de esta quinta sinfonía tuvo una larga duración, que empezó con un boceto de 1795 y no tuvo culminación hasta 1808. Entretanto, Beethoven había probado también un comienzo en 1803 y se volvió a enfrentar a la partitura inmediatamente después de terminar la “Heroica”. La Sinfonía No. 4 interrumpió nuevamente el trabajo, y finalmente fue en 1805 cuando volvió a la obra terminándola en 1808. Todo este proceso de maduración bien valió la pena si se tiene en cuenta cómo la evolución del compositor en la escritura orquestal le aportó mejores conocimientos tras las experiencias anteriores. La música fue estrenada definitivamente el 22 de diciembre de 1808 en el Theater an der Wien, y es necesario tener en cuenta que se estrenó junto con la No. 6, aunque en el programa de aquella ocasión fueron recogidas con una numeración inversa (aparece la “Pastoral” con el No. 5, en lugar de la aquí comentada)
Motivos melódicos a recordar
Escuchemos el tratamiento de los siguientes motivos en cada movimiento de la sinfonía:
I. Allegro con brio
II. Andante con moto
III. Allegro
IV. Allegro
© Roberto Díaz Ramos, 2008
Orquestación
2 flautas
Flauta piccolo
2 oboes
2 clarinetes
2 fagotes
Contrafagot
2 cornos
2 trompetas
3 trombones
Timbales
Violines
Violas
Violonchelos
Contrabajos



