Eventos - Domingo 17 de Agosto de 2008
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Auditorio Fabio Lozano, Universidad Jorge Tadeo Lozano
BogotáCarrera 4 No. 22 – 40Domingo 17 de Agosto de 2008 a las 11:00 horasLudwig van Beethoven (1770-1827)
Sinfonía No 4 en si bemol mayor, Op. 60
Adagio – Allegro vivace
Adagio
Allegro - vivace
Allegro ma non troppo
Ludwig van Beethoven (1770-1827)
Sinfonía No 7 en la mayor, Op. 92
Poco sostenuto – Vivace
Allegretto
Presto
Allegro con brioDirector: BALDUR BRÖNNIMAN (Suiza)
Boletería: $20.000. Compre su abonos para la temporada con el 25% de descuento. Discapacitados, tercera edad y estudiantes -50%. Informes y ventas: Tu Boleta 5936300 y www.tuboleta.com
Sinfonía No. 4 en si bemol mayor, Op. 60
Acabada en 1806 y estrenada en Viena en 1807
Situada a caballo entre dos de las grandes obras orquestales de Beethoven, las Sinfonías Nos. 3 y 5, la No. 4 ha sido menos tenida en cuenta tras su muerte. De hecho, su interpretación suele estar más o menos limitada a las grabaciones discográficas o las interpretaciones de las nueve sinfonías. Cierto es que, aunque fue firmada en una época de gran creatividad para el autor, es una partitura de distensión con respecto a la fuerza de los ejemplos que precede y antecede. También se limita a unos modelos más clásicos, evolucionados en relación la “segunda” pero poco atrevidos (posiblemente una de las palabras ideales al hablar del compositor alemán, podría ser “atrevimiento”).
Estructurada a la tradición, quizá se separa de ella a través del discurso motívico-temático y la orquestación. En relación con el primer punto, la sinfonía tampoco deja de ser especialmente conservadora aunque las construcciones armónicas son más maduras que las exhibidas en cualquier sinfonía romántica anterior a Brahms. En la orquestación, Ludwig van Beethoven vuelve a mostrar sello personal mediante la contraposición de masas sonoras de vientos y cuerdas, a veces situadas en procesos de “diálogo” entre diferentes partes de la orquesta.
El primer movimiento vuelve a tener una introducción lenta cercana al estilo de Haydn, antes de avanzar en un vertiginoso allegro concebido como una suerte de doble scherzo con dos trios, en los que las maderas y los metales se independizan plenamente de la cuerda con escenas de interactuación plenas de interés. Las construcciones melódicas del inicio parecen anunciar de manera muy sucinta algunos elementos de una quinta sinfonía que ya estaba en la mente del compositor. En la segunda parte, por contra, parece destacar el elevado protagonismo en amplios fragmentos del clarinete, un instrumento que se había introducido progresivamente en la orquesta durante las décadas anteriores, hasta lograr especial importancia en el sonido sinfónico de Mozart o Beethoven, y ser fundamental en el Romanticismo. Los dos últimos movimientos (un delicado Minuetto y un ligero Finale) tienen como característica común el uso del ritmo, complementado con la fragmentación de las construcciones melódicas y las tensiones generadas con los contrastes tímbricos.
Encargada por el conde Franz von Oppersdorf para su orquesta privada en Ober-Glogau (recibió 500 florines a cambio), la cuarta sinfonía está dedicada a este aristócrata. Tuvo un estreno privado en marzo de 1807 (aunque no es posible comprobar si participó la orquesta del mencionado aristócrata), y fue representada en público por primera vez, en el Holfftheater de Viena, el 15 de noviembre de 1807. La obra recibió una acogida mayoritariamente favorable de la crítica.
Motivos melódicos a recordar
Para la Sinfonía No. 4 de Beethoven, atendamos a las múltiples apariciones de los siguientes motivos en cada movimiento:
I. Adagio – Allegro vivace
II. Adagio
III. Allegro molto e vivace
IV. Finale: Allegro molto – Poco andante - Presto
© Roberto Díaz Ramos, 2008
Orquestación
Flauta
2 oboes
2 clarinetes
2 fagotes
2 cornos
2 trompetas
Timbales
Violines
Violas
Violonchelos
Contrabajos
Sinfonía No. 7 en la mayor, Op. 92
Terminada en 1812, y estrenada en la Universidad de Viena un año más tarde.
Después de estrenar la Sinfonía No. 6, Beethoven tardó tres años en enfrentarse a una partitura de similares características. Así, los primeros borradores de la “séptima” están fechados en 1811, aunque no fue terminada hasta un año después. El resultado fue uno de los fragmentos musicales más populares de la Viena del momento, que fue arreglado para una amplia variedad de combinaciones instrumentales durante el siglo XIX.
La “séptima”, además, cuenta con la buena opinión que se suele tener de las sinfonías impares del compositor, aunque es la menos vinculada a mensajes extramusicales o referencias personales. Ello a pesar de que 1812 es el año en el que tuvo una relación más estrecha con su presunta “amada inmortal”, a quien escribió la carta más conmovedora de su epistolario sentimental. Posiblemente la definición más acertada es la de “apoteosis de la danza” propuesta por Richard Wagner.
En efecto, toda la obra tiene un marcado carácter rítmico, y las cuatro partes cuentan con amplios fragmentos aptos para la danza (esta realidad contrasta con las crónicas según las cuales Beethoven tenía pocas aptitudes para el baile). Este extremo queda perfectamente representado en su movimiento más conocido, el segundo. En él, el autor sustituye el Andante habitual de sus creaciones similares por un Allegro en el que se destaca una base rítmica inmutable frente a las variaciones orquestales del mismo patrón melódico y armónico. También es característico el ritmo en el desarrollo del primer movimiento, y da carácter al Presto y Allegro con brio finales. Es significativo, finalmente, cómo el compositor prescinde de movimientos lentos en la sinfonía (excepción hecha del Poco sostenuto que da comienzo al primer movimiento).
El estreno de Sinfonía No. 7 tuvo lugar el 8 de diciembre de 1813 en la Universidad de Viena en un acto organizado por el inventor del metrónomo, Johann Nepomuk Mälzel. No obstante, el público puso mayor atención a los recursos novedosos de otra obra encargada para la ocasión, La batalla de Vitoria. Aún fue necesario esperar a una nueva interpretación cuatro años, para que la obra fuera valorada en su justa medida, y consiguiera la relevancia con la que contó desde entonces en la capital austriaca.
Motivos melódicos a recordar
No pudiendo reflejar aquí en su justa medida las características rítmicas de cada movimiento, se proponen los siguientes motivos melódicos para cada fragmento:
I. Poco sostenuto - Vivace
II. Allegretto
III. Presto
IV. Allegro con brio
© Roberto Díaz Ramos, 2008
Orquestación
2 flautas
2 oboes
2 clarinetes
2 fagotes
2 cornos
2 trompetas
Timbales
Violines
Violas
Violonchelos
Contrabajos



